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Drone Stories: Estanzuelas 1800

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El nombre de este lugar surge de las paupérrimas construcciones de sus primeros habitantes. A principios de 1800 las estanzuelas o xacales (chozas) cubrían todo el territorio de la hacienda donde ahora se levanta el municipio.

Este es el vuelo por Estanzuelas.

Cuentan que por esos años la hacienda debió ser “limpiada” de sus primeros colonos. Usando la fuerza las estanzuelas fueron barridas y suss habitantes mestizos obligados a migrar. La hacienda terminó siendo un muncipio que primero perteneció a San Miguel para terminar en Usulután.

EL PRESENTE

Ahora colindan con el Río Lempa y su fuerza es contenida en esta parte de su camino que riega nuestra tierra, la presa detiene su paso para convertirla en energía.

 Ahora casitas con techos de teja y murales decoran las construcciones que nada tienen que ver con las Estanzuelas del pasado. Rodeados por tierras fértiles por gracia del Lempa.

  ¿Qué habrá sido de ellos, de los mestizos de 1800? Condenados hace más de 200 años a ver de lejos la tierra que llamaron casa mientras emprendían el viaje por los caminos de polvo para volver a levantar sus estanzuelas, pero ¿Quedará rastro de su sangre en alguno de sus habitantes? Ojalá que si.

Porque a pesar que su destino cambió para siempre al ser obligados a dejar sus casas, sus Estanzuelas, llamadas así de forma despectiva, quizás como un homenaje a su memoria, el nombre perdura, bautizando todo lo que alcanza la vista hasta el día de hoy.

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Drone Stories: Surf en el Cocal

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Los vi llegar uno a uno con sus tablas, la mayoría más grandes y con el mismo peso que ellos. Los niños del cocal llegaron y hasta caer casi la noche se batieron con el mar. Esta es la historia de Los Niños Surfistas de la Playa El Cocal en La Libertad.

(MIRA EL VIDEO DRONE STORIES DEL VIAJE AL FINAL DEL POST)

 
En la playa el Cocal no hay espacio entre el mar y la tierra, las grandes rocas que habitan la orilla vuelven difícil caminar por ella, al menos para un foráneo.

Ahí arriba, fui testigo como las aguas comenzaron a poblarse de jóvenes que volvieron su campo de juegos las olas del mar.

Los niños del cocal se retan ola a ola con el mar y su indomable ritmo, estrellándose cada vez con la frontera de rocas. Ellos, sin miedo se sumergían en el blanco de la espuma marina.

Se trata del deporte nacional de esta parte del Puerto de la Libertad, pasan sus tardes intentando alcanzar ese momento divino, esos segundos en los que sintonizan con la furia del mar que los conduce… y vuelan.

¿Porqué lo hacen? ¿Qué los impulsa a intentar domar al gigante cada ola, cada tarde de cada día?

Son héroes en cada reto con el mar. Apuestan al movimiento de agua, ganan y pierden. Sabiendo que cada momento que permanecen en pie sobre el mar está condenado a terminar de la misma manera: cubiertos por su furia.

En la inmensa pintura del mar ellos son extranjeros, un punto que desentona en la armonía del convulso mar.

¡Ojalá pudieran verse como los vi esa tarde!

Personas que tienen un conocimiento profundo de las mareas, vientos, olas y códigos que les permiten trascender. Lo aprenden con la experiencia, lo aprenden entre las olas y su lucha contra la asfixia al perder su batalla con el mar.

Esa como cada tarde vieron el atardecer desde otra perspectiva , desde los ojos del gigante mar, y convertidos en sombras, lucharon contra las últimas olas de la jornada. Son guerreros de este duelo contra el engañoso océano, los niños del cocal.

MIRA EL VIDEO DRONE STORIES DEL VIAJE:

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Drone Stories: El origen de Hilotaxca

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¿Lo conoces? de seguro que sí y no lo sabías.

Hilotaxca pasó con el castellano a Gilobasco, Hilobasco, Xilobasco.

Este es el viaje por  el Ilobasco que conocemos.

 

No hablaré de su barro y comercio que los convirtió en la ciudad de las figuras inanimadas. Volé sobre sus calles tratando de entender ¿donde quedó el Hilotaxca de nuestros ancestros?

Hilotaxca “tortilla hecha de elote tierno” o “Lugar de muchas milpas”. Nuestros ancestros respetaban este sitio por sus ricas tierras, productoras del grano que los formó: el maíz.

Su templo fue testigo de como el verde de la mazorca fue perdiendo terreno, año con año, y vio como los hijos del maíz que antes lo cultivaban se convirtieron en esclavos, obreros quienes construyeron los primeros asentamientos.

Hoy en día Hilotaxca no se escucha más y la “modernidad” cubre cuadras y cuadras, miles de casas asentadas sobre tierra que fue fértil, que alimentó a una era.

 Una tormenta me hizo retroceder aquella tarde que me despedí de Hilotaxca, quiero creer que su sombra todavía se asoma por los escasos verdes que perduran, pero Ilobasco su arte y sus figuras siguen ahí, portadores de cultura, la de los antiguos y de la nuestra.

Texto de referencia: http://www.elsalvadormipais.com/ilobasco
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El Faro de El Centro

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Desde la distancia la vi desvanecerse en el atardecer, cubrirse el centro por la oscuridad habitual, y sus estructuras pasar a ser siluetas inertes y lúgubres, parte de un lugar  que amenaza los recuerdos de colores.
Y esperé hasta que desapareció, pero no sé en qué instante emergió del negro de la noche, allá en el centro, una estructura se levantó, una que brilla, sorprende, saluda y celebra a quienes se acercan a contemplar. A la distancia vi cómo la Catedral iluminaba un sitio poco acostumbrado a buenas noticias, y menos a ser un destino de viajantes.

Este es el recorrido nocturno por el Centro de la capital.

Puesta ahí en medio de figuras sin vida, una de ellas lleva paz y atrae a los que buscan la esperanza.

E hice el viaje, bajé por la calle Ruben Darío por sus pasadizos angostos por el comercio a encontrarme con estas luces y para mi sospresa no estaba solo, otros viajantes estaban ya ahí, atraídos por la historia que comienza a emerger.

Míralo, nuestro palacio, tuvo días mejores, pero ahora brilla sobre la Avenida España, y a sus pies la monarca católica y el descubridor aún cubiertos por la noche viendo pasar a los cansados trabajadores.

Los ventanales guardan secretos de miradas furtivas, fantasmas del pasado que marcó la historia, esa que ahora se empieza a recuperar.

 
Frente a este monumento, la imágen del guerrero saluda, el descanso de las aves ya no se hace sobre sus brazos de metal, ahora la luz las ahuyentó rescantando su majestuosidad.
Caminé por la avenida con nombre del Beato, donde el Teatro se rescata, alumbrados sus pilares, guardando historias, transmitiendo el arte.
Pero ninguna de estas figuras de la noche se compara al templo, el mayor de todos, blancos sus colores, y vainilla sus luces, La Catedral: paz en la noche del centro, tesoro de la historia y de la fe.

Ahí esperan todas las noches, emergiendo del negro antiguo, reuniendo a cada vez más de nosotros, que queremos, esperamos y disfrutamos que la luz cubra más cuadras como éstas.

 
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Drone Stories: La Leyenda del Ermitaño, tragedia y ninfas

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Este es el viaje por un lugar donde habitó uno de nosotros, aquel que prefirió alejarse de todos para ser él mismo, un ermitaño cuya isla a día de hoy es cada vez más difícil visitar por las ninfas. Este es el viaje por la Laguna de Suchitlán hacia la isla del ermitaño. Son pocas las horas en las que pueden recorrer sin preocupación las aguas de esta laguna de Suchitoto los lancheros, pescadores y demás personas que viven de estas aguas. En cualquier momento, sin darse cuenta pueden quedar rodeados por esta planta invasora como pocas, temida por ellos: la ninfa. Inofensiva para cualquier inexperto, esta planta es capaz de secuestrar por horas a quienes recorren el manto verde, casi ningún motor es capaz de atravesar kilómetros de este ser gigante que cada vez más se hace dueño del espejo de agua. Arriesgando la máquina alcanzámos a llegar a este trozo de tierra, aquella que guarda una leyenda y al mismo tiempo el recuerdo de una tragedia: La isla del ermitaño. Lo que por arriba parece un paisaje espectacular entre combinaciones del verde, algunas rocas y pincelazos de azul; guarda una historia que ha sido dejada ahí como recuerdo de la tragedia. Para comprender lo que ocurrió en este lugar es necesario retroceder hasta el mes de octubre del año 2014, en esta parte de la laguna 4 aviadores cayeron, 3 de ellos fueron recuperados sin vida. Y aquí permanece como un rústico monumento el aparato extraído de las aguas. ¿Lo notas? abajo aún permanece la avioneta estrellada, tumba de los aventureros, ubicada por casualidad o quizás algo más, sobre la cueva que dio el nombre a la isla. Ahora si lo notas, espero. Justo debajo se encuentra la cueva hacia la morada del emblemático ciudadano de Suchitoto. Y llegué a su tierra y visité su casa, pero no voy  a contarte lo que se encuentra adentro, prefiero quedarme con el viaje, ese de las ninfas, la tragedia y la leyenda, todo en el ermitaño.
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Drone Stories: La Torre que sostiene San Vicente

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Más de 87 años de historia sostiene este monumento, majestuosa como pocas construcciones de nuestra tierra: La Torre del Reloj de San Vicente, siempre de pie saluda y recibe a los que visitan este lugar de El Salvador.

Empecé por sus cuadrados casi perfectos, los que la rodean, armonía de tejados y sus vistosos colores, láminas austeras y tejas antiguas.

En medio de este vecindario, un punto que se estira por alcanzar el cielo, “La Torre” protegida por sus árboles, los que desde arriba pareciera que intentan detenerla con sus raices a la tierra.

Finalizada su construcción en 1930, se levanta sobre todo lo que hay que ver en este municipio. Ofreciendo el paso del tiempo como regalo a los que la visitan.

A un costado la Catedral de San Vicente conservando el color vainilla de estos monumentos que comparten el tránsito del pasado a la modernidad que ahora contemplamos desde el aire.

San Vicente no fuera el mismo sin su torre, esa que se guarda en pequeñas réplicas en varios negocios de sus alrederores. Monumento que marca el punto de partida de todo lo que se desarrolla en su alrededores y que mira en línea recta al horizonte, que termina en el volcán de San Vicente.

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Los 10 mil pasos hacia el Ilamatepec

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Lo vi desde abajo, en un viaje anterior (Los Iglús del Cerro Verde) y sabía que volvería para vivir este reto, de alcanzar la cima, los más de 10,000 pasos hacia la cima del Ilamatepec.
Ese día el clima invitaba a no intentar el ascenso, la neblina daba señales que el reto quizás representaría más dificultad de lo normal. Pero junto a unos 25 aventureros iniciamos la caminata, esa de  2.381 metros hasta lograr ver su laguna de azufre.

Bajando las más de 80 gradas que separan el Cerro Verde comienza el ascenso, ese que desde el inicio va separando a los habladores que desperdician su oxígeno en cada palabra de aquellos que calculan cada paso y cada inhalación quizás un poco más conscientes del esfuerzo que implica una misión como esta.

Atravesando el verde por pasadizos naturales, misteriosos caminos llenos de vida que han visto pasar a miles a lo largo de la historia.

Unos 1,500 metros de ascenso y el panorama cambia, la naturaleza, la vida de la montaña comienza a retroceder, dando paso a pasajes más desiertos, víctimas de la altura.

El camino de piedras marca el sprint final para todos los que tuvieron la fortuna de superar sus fuerzas, conservar su ritmo y respirar con pausa. El paisaje desértico de la cima saluda, recibe y premia a los que se atreven a visitar.

Se trata de uno de los puntos más altos del país, y por momentos cubiertos de la densa neblina, no es posible dimensionar el suelo que pisamos.
Pero de repente, como un guiño de la montaña, un fuerte viento aleja las nubes y regala las vistas que buscamos, a la izquierda el Coatepeque y de Frente el Cerro Verde y el Volcán de Izalco, los puntos cardinales de las joyas naturales, las nuestras.

Pero la mayor de todas, es aquella vestida de verde, esa que jamás podremos tocar pero que enamora y encanta y nos hace seguir caminando más de 10,000 pasos para encontrarla, por unos minutos, la laguna que hierve, como muestra que por ella sigue corriendo la vida, circulando, esperando, aguardando para volver a levantarse.

Vive esta experiencia en Cabañas Campo Bello RESERVACION: Tel.: 2271-0853 / 7729-3712

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Drone Stories: La Ciudad Blanca

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Lejos queda ya su historia que dio origen al nombre, Metapán: Rio de Maguey, ese que le dieron sus fundadores Chortis. Ahora, el maguey fue olvidado y dio paso al blanco, ese de la cal, que se encuentra en casi cada una de sus construcciones.

Este es el viaje por la ciudad de Metapán.

(MIRA EL VIDEO DRONE STORIES AL FINAL DE LA HISTORIA)

Siempre admiré la limpieza y armonía de su centro, aquí los colores naranja de los tejados, el gris de su piso y el arcoiris de vehículos combinan de forma singular.

Desde aquí su zona urbana dividida en los Barrios El Calvario, El Centro, Las Flores y San Pedro. Manzanas simétricas, todas manteniendo la tradición de dejar la entrada de luz en el centro.
Un lugar que ha sabido combinar lo antiguo con el  futuro, como su estadio, su Calero, casa del campeón que se levanta detrás del portal histórico, en medio de casas de dos plantas, comercios y el parque.

Frente al estadio el templo, San Pedro Apóstol es su patrón y ha visto llegar el desarrollo de esta tierra.

Se trata de uno de los municipios más grandes del país, se encuentra a 117 Km de San Salvador y está limitado por los siguientes municipios: al norte, por la República de Guatemala; al este, por los municipios de Citalá y La Palma; al sur con Agua Caliente (departamento de Chalatenango) y Nueva Concepción (departamento de Chalatenango); y al oeste por la República de Guatemala.

NO TE VAYAS SIN VER EL VIDEO DRONE STORIES:

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La Barra de Santiago y la Leyenda de Chasca

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Se trata de uno de los sitios protegidos por la diversidad de su ecosistema, habitado por personas sencillas, glorias del fútbol e historias de amores perdidos en el tiempo y que se convirtieron en leyendas: La Barra de Santiago.

Un lugar que conserva un tesoro de la naturaleza, 10,000 hectáreas de manglar albergando la vida de toda clase de especies.

MIRA LA PRIMERA PARTE DEL VIAJE EN ESTE VIDEO DRONE STORIES:

Un cielo resquebrajado había ese día, que se reflejaba en el gris- verdoso de las aguas del estero, pareciendo por momentos un manglar plantado sobre las nubes.

Extensiones de verde que superan la vista y que atraen y atemorizan al mismo tiempo. Un oasis de esperanza para los que buscamos las historia que cuenta la tierra.

Desde arriba la Bocana de El Zapote donde el océano pacífico aguarda encontrarse con el estero de la barra. Y testigos de este encuentro, las modestas construcciones de pescadores y demás personas que dependen de estas aguas.

Por momentos la turbidez del agua asomaba tonos rosados que me hicieron recordar la historia indígena de Chasca, aún reverenciada por los pescadores.

Aquella que al ver que la muerte de su amor tiñó de rojo el agua del estero decidió arrojarse a estas aguas atada a una piedra para seguirle en su último camino.
 

La princesa indígena se convirtió en deidad y ahora es conocida como la virgen del agua. Y como toda leyenda, se mantiene vigente en la boca de los nativos, esos que ven señales en días y cielos como aquel del que fui testigo, cuando las nubes navegaron por el estero quizás como preparativo para la última aparición de la enamorada a bordo de su barca: Chasca

MIRA LA PARTE FINAL DEL VIAJE EN ESTE VIDEO DRONE STORIES:

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La Unión del Oceano Pacífico

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Su bahía, las islas y el último paso hacia el mar, lo vi todo desde arriba, navegué por sus aguas y es lo que ahora escribo: La Unión del Océano Pacífico.

MIRA LA PRIMERA PARTE DEL VIAJE EN ESTE VIDEO DRONE STORIES:

Empecé por este sitio, el orgullo de residentes, uno que atrapa desde el suelo, pero que desde el cielo encanta con sus formas curvas y líneas que saludan al mar.

El Parque de la Familia de La Unión y su faro, última frontera entre los turistas y los que ven en estas aguas una forma de vida.

Nadie pareció percatarse que eran observados, ¿Cómo podrían haberse dado cuenta que su paso por este lienzo vivo genera arte?. Allá, los viajantes dejaban estelas marcando su camino, siendo borrado por el mar, que vuelve a estar en calma, acá el agua salada vive en calma, conforme de ser el paisaje, satisfecha con ser admirada.

Vecino del parque, el viejo muelle, el que aún se estira por alcanzar el mar, sirviendo de sostén para los marinos que a él siempre vuelven.

Desde arriba quedé maravillado por sus colores, su azul opaco observado eternamente por el centinela, el volcán de Conchagua que custodia este lugar.

MIRA LA PARTE FINAL DEL VIAJE EN ESTE VIDEO DRONE STORIES:

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