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El Faro de El Centro

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Desde la distancia la vi desvanecerse en el atardecer, cubrirse el centro por la oscuridad habitual, y sus estructuras pasar a ser siluetas inertes y lúgubres, parte de un lugar  que amenaza los recuerdos de colores.
Y esperé hasta que desapareció, pero no sé en qué instante emergió del negro de la noche, allá en el centro, una estructura se levantó, una que brilla, sorprende, saluda y celebra a quienes se acercan a contemplar. A la distancia vi cómo la Catedral iluminaba un sitio poco acostumbrado a buenas noticias, y menos a ser un destino de viajantes.

Este es el recorrido nocturno por el Centro de la capital.

Puesta ahí en medio de figuras sin vida, una de ellas lleva paz y atrae a los que buscan la esperanza.

E hice el viaje, bajé por la calle Ruben Darío por sus pasadizos angostos por el comercio a encontrarme con estas luces y para mi sospresa no estaba solo, otros viajantes estaban ya ahí, atraídos por la historia que comienza a emerger.

Míralo, nuestro palacio, tuvo días mejores, pero ahora brilla sobre la Avenida España, y a sus pies la monarca católica y el descubridor aún cubiertos por la noche viendo pasar a los cansados trabajadores.

Los ventanales guardan secretos de miradas furtivas, fantasmas del pasado que marcó la historia, esa que ahora se empieza a recuperar.

 
Frente a este monumento, la imágen del guerrero saluda, el descanso de las aves ya no se hace sobre sus brazos de metal, ahora la luz las ahuyentó rescantando su majestuosidad.
Caminé por la avenida con nombre del Beato, donde el Teatro se rescata, alumbrados sus pilares, guardando historias, transmitiendo el arte.
Pero ninguna de estas figuras de la noche se compara al templo, el mayor de todos, blancos sus colores, y vainilla sus luces, La Catedral: paz en la noche del centro, tesoro de la historia y de la fe.

Ahí esperan todas las noches, emergiendo del negro antiguo, reuniendo a cada vez más de nosotros, que queremos, esperamos y disfrutamos que la luz cubra más cuadras como éstas.

 
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RAPEL POR LA PARED NATURAL MÁS ALTA DE EL SALVADOR

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Voy a contarte de un lugar que pocos conocen, un sitio al que necesitas un guía para alcanzar su cascada y para el que descenderlo necesitarás todo el valor que puedas conseguir.
Te hablo de El Salto de San Antonio.
Nunca antes había escuchado de él, ni me imaginaba que el Puerto de La Libertad escondiera sitios tan parecidos a un paraíso.

Seguramente en algún viaje transitaste por el puente del río San Antonio en alguna salida por el Puerto, sin imaginar (como yo) que parte de su cauce incluye una caída de 80 metros en su camino a encontrarse con el mar.

Un pequeño grupo caminamos por su orilla, en dirección opuesta al recorrido de sus aguas, lo más limpias que se puede esperar en nuestro pais, en busqueda de la aventura.
¿Y al llegar? La Boca del Gigante, con una lengua de agua abriéndose paso entre las rocas: enérgico, orgulloso… Sobreviviente.

El asombro fue unánime y créeme que me hubiera conformado con sentarme a su orilla y contemplar su esfuerzo por sobrevivir, por seguir encontrando su camino al mar.

Pero la invitación era hacia la aventura, esa que incluye caminar unos 15 minutos más por caminos lisos y piedras de toneladas para llegar a la cima, a El Salto.

Y lo hice, lo hicimos, solo uno de los viajantes declinó la oferta de aventura y el resto nos sobrecogimos al alcanzar la cima.

80 metros de altura que bien puede ser 100 o 200, su caida es igual de mortal para cualquiera que no sepa hacer lo que hicimos.

Para nuestra fortuna nuestros guías son expertos en hacer estos saltos y pude volver a escribir estas líneas.

De una cuerda de escasos dos dedos de grosos cuelga tu vida, fue lo primero que pensé al estar al borde de la boca del Gigante.

Pero en este momento colgando en las alturas no hay oportunidad de descender de otra forma, la tierra solo queda abajo.

Los primeros pasos fueron los más difíciles pero recordar los consejos de los guías sirvieron para no perder el equilibrio.
Después del miedo empieza El Viaje, y entonces… Te das cuenta del paisaje, de la cascada que cae a tu costado: libre y veloz; si se lo permites, también podrás sentirte así, dejando al lado los miedos y solo confiar, y te aseguro que no querrás que el viaje termine.
Puedes hacer este viaje con “climbing el salvador”, encuéntralos en Facebook e Instagram.
 
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